En 1862 ocurrió un hecho que revolucionó la historia humana para siempre. Fue un acontecimiento de la misma importancia que el descubrimiento del fuego, la rueda o los metales. Aquel año el físico, matemático y poeta escocés James Clerk Maxwell descubrió las ecuaciones que describen como se entretejen el campo eléctrico y magnético y como actúan sobre la materia. Como resultado, el mundo cambió de pies a cabeza en menos de 100 años. De hecho, la máquina a través de la cual nos estamos comunicando existe sólo gracias a las Ecuaciones de Maxwell.
“es demasiado brusco,
demasiado temerario,
demasiado repentino,
demasiado semejante al relámpago,
que se extingue antes de que podamos decir:
“¡El relámpago!…””
William Shakespeare, Romeo y Julieta (1597), Acto II, escena 2.
Traducción de Nicanor Parra.


